CAMALOTE: ¡No, es no!

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El camalote, difícil maridaje entre medio ambiente y política, máxime cuando se añaden salsas de carácter económico.
Se habla continuamente de términos y conceptos conocidos hace tiempo pero que ahora están de moda. Términos como cambio climático. (Negado sorprendentemente por el marido de Melania Trump), el calentamiento global, la huella de carbono, la pérdida de grosor de la capa de hielo, etcétera.
Muchas de las medidas y tecnologías existentes para evitar lo que se nos viene encima, no se llevan a cabo como consecuencia de criterios que poco tienen que ver con la salud de nuestro planeta. No hay que irse lejos para comprobar que mientras no haya una visión y compromisos reales de los políticos y de los poderes económicos para discernir que, la salud del planeta hay que planteársela a largo plazo, y no a una legislatura o un periodo de retorno de cinco años. Esto no tiene solución.

Si se detiene uno a pensar en el llamado “problema del camalote” en el Guadiana, planta invasora de gran proliferación. Se puede evidenciar que el planteamiento actual para detener su avance va a fracasar siempre. No se trata de retirar las plantas a las orillas. Aun haciendo un esfuerzo ingente no se podría erradicar, aunque pueda parecer extraño, por cuestiones económicas. Mientras algunas empresas estén facturando la retirada a las orillas del río de estas plantas . Por razones que a nadie se le deben escapar, éstas no van a desaparecer.

En los últimos diez años se han gastado veinticuatro millones de euros para la eliminación del camalote (fuente diario.es) evidentemente sin éxito.

La forma de controlar el problema es, desde nuestro punto de vista, tratándolo con “resiliencia”. Esto es, sacar un beneficio para la sociedad de la adversidad. La solución pasa por; extraer el camalote. Tratarlo en una planta de valorización dónde se obtenga metano, abono para la agricultura y agua para riego. Esta instalación, generaría algunos puestos de trabajo (por tanto, no se perderían los existentes). Además, mantendrían controlada la expansión de esta planta. Sabemos que no es fácil y que hay planteadas distintas soluciones al Gobierno de Extremadura.

La gestión de residuos urbanos, que en nuestra Comunidad se hizo eficazmente con la tecnología y los medios que se tenían cuando se crearon estos centros en distintos puntos de Extremadura, al día de hoy, están produciendo un efecto. Efecto que inicialmente no estaba cuantificado y que actualmente está afectando gravemente a la atmósfera.

Hay en funcionamiento seis plantas de tratamiento de residuos en Extremadura, a los que denomina la Junta “ecoparques”. Por ejemplo, en el ecoparque de Mérida se procesan doscientas toneladas de residuos al día. El proceso que se realiza cuando llegan los residuos al ecoparque. En pocas palabras, es el siguiente, previo a una separación de materiales plásticos, bricks, cartones, etcétera, de una forma más o menos eficaz, se tratan los residuos orgánicos. La descomposición de esta materia orgánica se realiza de forma aeróbica en el interior de unas naves industriales. Una vez terminada la descomposición se obtiene un abono de buena calidad que se vende para la agricultura.

Este era el planteamiento inicial. Se obviaba que en el proceso de descomposición se produce una gran cantidad de metano (CH4), que provoca siete veces más efecto invernadero que el dióxido de Carbono (CO2), gas que se produce en la combustión completa de los combustibles sólidos, gasoil, biomasa, etc. El metano en los ecoparques se emite a la atmósfera sin control posible. Creemos que algo al respecto se podría hacer. Existen tecnologías actualmente probadas y contrastadas que evitan estas emisiones.

La valorización, inversión en medio ambiente:

En Extremadura existe un plan integral de residuos, necesario sin duda, pero está planteado para; la prevención (reducción de residuos, concienciación), para la reutilización, reciclado y eliminación de residuos. Se obvia un factor importante, que puede hacer rentable empresarialmente una inversión en medio ambiente. Es la valorización (trata de preparar un residuo para un fin concreto, por ejemplo, en caso de residuos orgánicos, que genera metano para producir electricidad y abono para la agricultura). Está claro que si la conservación del medio ambiente a corto o medio plazo puede generar riqueza económica, las empresas invertirán en I+D+i, en el montaje y explotación de plantas de valorización, etcétera.

Aunque nos pese, como en muchas ocasiones, no podemos esperar a que la Administración lleve la iniciativa en la preservación de la biodiversidad, sin la presión de la sociedad civil, organizaciones no gubernamentales y sin que la inversión privada se vea retornada, vamos a ir a una velocidad tan baja que va a hacer que lleguemos tarde.

La propia Administración no tiene criterios unificados a la hora de promover, autorizar, apoyar o difundir iniciativas que puedan afectar al medio ambiente. La agilidad administrativa llega a ser tan insensible con la creación, ampliación o modificación de empresas que los dictámenes y autorizaciones al respecto por parte de la Dirección General de Medio Ambiente viene tardando entre diez o doce meses. La industria, la ingeniería, la agricultura, y en general, cualquier actividad económica, se desarrolla a una velocidad tal, que la tramitación medioambiental puede hacer fracasar una idea brillante o una inversión importante. Se debe buscar el equilibrio entre la preservación del medio ambiente y el desarrollo económico. Para esto tenemos otro término, desarrollo sostenible.

Jacinto Salas ITI
Dirección técnica 6tbuild

Posted on 31 diciembre, 2016 in Noticias

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